Estos día se cuestiona si es posible realizar un "transplante de cara".
El transplante facial estría indicado para pacientes que "no tienen cara". Estos casos extremos son posibles como consecuencia de traumatismos muy graves y como secuelas de quemaduras.
La ausencia de cara tiene un impacto psicológico evidente sobre la persona: la cara es la identidad social del individuo, y su tarjeta de presentación. Sin cara, la persona no se puede socializar de manera razonable. En consecuencia, el impacto social y psicológico es inmenso. Como mucho, estas personas visten una máscara que los tapa.
El transplante de cara no pretende satisfacer un capricho de una persona que no está contenta con algún defecto que tiene, sino que se plantearía en casos "extremos". De esa manera, las consideraciones éticas y morales o el hipotético impacto psicológico del trasplante carecen de relevancia comparados con la magnitud de la deformidad. No hay ninguna particularidadética o moral en conseguir que un órgano vital para la vida social como es la cara, pueda ser transferido quirúrgicamente de un cadáver donante a una persona sin cara.
¿Es posible quirúrgicamente el transplante de cara?
Sí es posible. Tenemos los recursos técnicos necesarios para trasplantar una cara. De hecho hay grupos de investigación alrededor del mundo en este tema. Se trataría de un transplante microquirúrgico con reparación de todos los nervios de la cara, las arterias y venas, conductos salivares, y reconstrucción de todas las comisuras faciales.
¿Qué es lo que impide realizar transplante de cara?
En este momento el principal factor limitante es la terapia de inmunosupresión. Los fármaco utilizados para evitar el rechazo no son todavía suficientemente inocuos como para asumir el riesgo que conlleva su uso. En este punto, la situación se encuentra en el mismo punto que la del transplante de mano.
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